Me hice mayor no hace mucho tiempo. No recuerdo si hubo un instante en el que se operó la transición entre la minoría de edad y la edad adulta. La edad del pavo y la del zorro. Sólo sé que no me gustó. Ahora son las cinco menos cuarto de la mañana y quiero matar al pediatra de mi hija. Es lo único que me queda por probar para sentirme mejor. En el fondo no lo mataría, lo sé. No sería capaz. Por desgracia es lo que tiene haber ingresado en la edad adulta. A las cinco menos diez me consuela estar sentado aquí, frente a esta pantalla, pensando en alguna tortura inocua que llevar a cabo para que mi pediatra sufra. Un poco, unas horas. Las siete horas de rigor que llevo despierto, escuchando toser a mi hija. El señor Gutiérrez, así se llama. Le gusta darnos lecciones sobre medicina. Repetir frases del tipo: "Esto se lo he dicho ya muchas veces...". O la mejor de todas: "Eso es completamente normal". Nos dice eso moviendo la cabeza de lado a lado y con una media sonrisa. Ay, doctor Gutiérrez. Dé gracias a que ya he ingresado en la edad adulta. No sé cuándo, es verdad, pero ya lo he hecho. El rencor es más hondo pero la imaginación más corta.
Sé que imaginar estas cosas no nos ayuda. Mi hija va a seguir tosiendo. Son las cinco menos cinco.
viernes, 20 de marzo de 2009
viernes, 27 de febrero de 2009
De regreso de Angers
Todo el mundo tiene facebook. Todo el mundo está en facebook. ¿Se tiene o se está? Diría Cortázar "¿No es en realidad facebook quien nos tiene?"
Desde hace dos días he viajado a Angers para participar en unas jornadas sobre la narrativa de Edmundo Paz Soldán, un escritor excelente y un excelente tipo. Este ha sido un viaje con tiempos muertos y coste emocional que hace sentir el extraño vacío alrededor de la vida en movimiento, mientras tu mente queda quieta pensando como afuera todo el tiempo. Tu cuerpo viaja y cambia de estación, de tren, de avión. Pero tu mente queda desprotegida de su rutina y se mueve despacio, se queda atrás con respecto a tu cuerpo. Y de repente quieres llegar allí y al mismo tiempo no haber salido.
He llegado a París sin mi cámara de fotos digital. Tengo un relativamente viejo móvil 3G. No he tomado ninguna instantánea. La calidad de las imágenes sería demasiado pobre. Esta desgana me ha hecho de pronto imaginarme mejor en un museo, donde la tentación por hacer fotos no me alcanzaría. Me he reído para mis adentros ¿Cómo haría José Martí en el Nueva York de fines del siglo XIX?
Mi colega Andrew tiene un ipod touch que hace maravillas. Crea un network wifi para poder manejar desde su ipod la presentación en keynote que proyecta con un cañón desde su Mac. Lleva su ipod en una funda protectora. Mi 3G lleva conmigo desde hace más de 3 años, se han borrado algunas letras y descascarillado el esmalte plateado que lo recubría. Nuestros teléfonos móviles están hablando de qué tipo de relación tenemos con la tecnología. Él es mayor que yo pero yo soy una máquina obsoleta.
Desde hace dos días he viajado a Angers para participar en unas jornadas sobre la narrativa de Edmundo Paz Soldán, un escritor excelente y un excelente tipo. Este ha sido un viaje con tiempos muertos y coste emocional que hace sentir el extraño vacío alrededor de la vida en movimiento, mientras tu mente queda quieta pensando como afuera todo el tiempo. Tu cuerpo viaja y cambia de estación, de tren, de avión. Pero tu mente queda desprotegida de su rutina y se mueve despacio, se queda atrás con respecto a tu cuerpo. Y de repente quieres llegar allí y al mismo tiempo no haber salido.
He llegado a París sin mi cámara de fotos digital. Tengo un relativamente viejo móvil 3G. No he tomado ninguna instantánea. La calidad de las imágenes sería demasiado pobre. Esta desgana me ha hecho de pronto imaginarme mejor en un museo, donde la tentación por hacer fotos no me alcanzaría. Me he reído para mis adentros ¿Cómo haría José Martí en el Nueva York de fines del siglo XIX?
Mi colega Andrew tiene un ipod touch que hace maravillas. Crea un network wifi para poder manejar desde su ipod la presentación en keynote que proyecta con un cañón desde su Mac. Lleva su ipod en una funda protectora. Mi 3G lleva conmigo desde hace más de 3 años, se han borrado algunas letras y descascarillado el esmalte plateado que lo recubría. Nuestros teléfonos móviles están hablando de qué tipo de relación tenemos con la tecnología. Él es mayor que yo pero yo soy una máquina obsoleta.
me robaron el blog
Tenía un blog en internet y me lo ha robado los pop ups. No puedo entrar en él, desapareció. No puedo acceder a él y todo lo que he publicado ahí ha desaparecido. ¿Alguien sabe cómo arreglar esto?
domingo, 30 de noviembre de 2008
experimento
Una de las normas autoimpuestas al autor en este blog es escribir directamente en este procesador de blogger. Escribir de un tirón. Todo lo del tirón que se pueda. No usar Control c y control v. No copiar y pegar. No escribir previamente en un archivo de word. Que el asunto salga de la decisión de escribir. Como les ocurre a quienes escriben los comentarios. Las razones, siempre hay alguna desgraciadamente, las iré desgranando.
sábado, 29 de noviembre de 2008
El tamaño del corazón
Hace tiempo que tengo un blog en internet. Un blog que imaginaba que sólo leían mis amigos. Nunca imaginé la de gente que llegaba a sus costas, a veces por casualidad, otras, desconocidos que llegaban para curiosear, otras, también los hay, espías más o menos oscuros de lo íntimo. Conocidos que no me conocían.
Así es que mi blog se terminó pareciendo a un video musical de un grupo alemán- o no sé de dónde- cuyo nombre ahora no recuerdo- creo que hacían dance- donde una chica salía una mañana de su casa con un corazón gigantesco, de peluche. ¿Alguien lo ha visto? Pues a lo largo del día esa chica rubita hablaba con mucha gente, gente que terminaba hiriéndola, decepcionándola o cosas así. Hasta que al regresar a casa ese peluche enorme se había terminado reduciendo al tamaño de un pequeño corazón de juguete, del tamaño de un puño. Al día siguiente, la historia se repetía, pero ella salía con un corazón de inicio un poco más pequeño que el día anterior, y así cada día. Misma historia, un bucle. Y justo cuando esa chica está por tirar el pequeño corazón a un cubo de basura, esa noche llega un chico y la invita a café y ella se ríe, y los dos se lo pasan pipa, etc. Se despiden en el portal y los dos se van contentos. Y a la mañana siguiente el chico éste, moreno, guaperillas, se acerca a la esquina de la casa. Entonces la ve. Y ella de nuevo aparece con un corazón de los de antes, gigantesco. Enorme. Un corazón más grande que ella. Y ahí, cuando él ve el tamaño de su corazón, al chico éste le cambia la cara, y se pone serio, y decide darse la vuelta. Y el vídeo musical termina con el rostro de ella, compungida, abrazada a su corazón, sentada en las escaleras de su casa (una de esos portales tipo londinenses, de época, a las que se accede subiendo una escalerita). Zoom a sus lágrimas. Entonces se levanta y se da vuelta y el espectador intuye que volverá a repetirse la historia de antes. Hasta que ella pueda soportarlo, o más allá.
El corazón es como ese blog, pero en este caso es un corazón que se hace con palabras. De las palabras somos esclavos, lo mismo que del corazón. Y en el blog, donde firmaba con mi propio nombre, llegó un día en que me di cuenta de que no me sentía libre para decir lo que pensaba. No me sentía libre, como en la vida. En la que tratamos - al menos yo lo hago- de salvar esclavitudes a diario.
Por eso cambié de opinión, aunque no cambió el deseo. Sigo queriendo comunicarme a través de este mundo posmo. Pero no quiero no sentirme libre. Es un debate interesante y complicado. Que dará para otro post.
Hay muchas otras lecturas de este vídeo musical. Algunas con una muy buena aplicación educativa. El miedo, las expectativas, las decepciones, lo que asusta el compromiso o el amor. Tengo experiencias que comentar al respecto.
Si alguien tiene el dato de a qué grupo me refiero le agradezco.
Nos iremos leyendo.
Así es que mi blog se terminó pareciendo a un video musical de un grupo alemán- o no sé de dónde- cuyo nombre ahora no recuerdo- creo que hacían dance- donde una chica salía una mañana de su casa con un corazón gigantesco, de peluche. ¿Alguien lo ha visto? Pues a lo largo del día esa chica rubita hablaba con mucha gente, gente que terminaba hiriéndola, decepcionándola o cosas así. Hasta que al regresar a casa ese peluche enorme se había terminado reduciendo al tamaño de un pequeño corazón de juguete, del tamaño de un puño. Al día siguiente, la historia se repetía, pero ella salía con un corazón de inicio un poco más pequeño que el día anterior, y así cada día. Misma historia, un bucle. Y justo cuando esa chica está por tirar el pequeño corazón a un cubo de basura, esa noche llega un chico y la invita a café y ella se ríe, y los dos se lo pasan pipa, etc. Se despiden en el portal y los dos se van contentos. Y a la mañana siguiente el chico éste, moreno, guaperillas, se acerca a la esquina de la casa. Entonces la ve. Y ella de nuevo aparece con un corazón de los de antes, gigantesco. Enorme. Un corazón más grande que ella. Y ahí, cuando él ve el tamaño de su corazón, al chico éste le cambia la cara, y se pone serio, y decide darse la vuelta. Y el vídeo musical termina con el rostro de ella, compungida, abrazada a su corazón, sentada en las escaleras de su casa (una de esos portales tipo londinenses, de época, a las que se accede subiendo una escalerita). Zoom a sus lágrimas. Entonces se levanta y se da vuelta y el espectador intuye que volverá a repetirse la historia de antes. Hasta que ella pueda soportarlo, o más allá.
El corazón es como ese blog, pero en este caso es un corazón que se hace con palabras. De las palabras somos esclavos, lo mismo que del corazón. Y en el blog, donde firmaba con mi propio nombre, llegó un día en que me di cuenta de que no me sentía libre para decir lo que pensaba. No me sentía libre, como en la vida. En la que tratamos - al menos yo lo hago- de salvar esclavitudes a diario.
Por eso cambié de opinión, aunque no cambió el deseo. Sigo queriendo comunicarme a través de este mundo posmo. Pero no quiero no sentirme libre. Es un debate interesante y complicado. Que dará para otro post.
Hay muchas otras lecturas de este vídeo musical. Algunas con una muy buena aplicación educativa. El miedo, las expectativas, las decepciones, lo que asusta el compromiso o el amor. Tengo experiencias que comentar al respecto.
Si alguien tiene el dato de a qué grupo me refiero le agradezco.
Nos iremos leyendo.
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