sábado, 29 de noviembre de 2008

El tamaño del corazón

Hace tiempo que tengo un blog en internet. Un blog que imaginaba que sólo leían mis amigos. Nunca imaginé la de gente que llegaba a sus costas, a veces por casualidad, otras, desconocidos que llegaban para curiosear, otras, también los hay, espías más o menos oscuros de lo íntimo. Conocidos que no me conocían.

Así es que mi blog se terminó pareciendo a un video musical de un grupo alemán- o no sé de dónde- cuyo nombre ahora no recuerdo- creo que hacían dance- donde una chica salía una mañana de su casa con un corazón gigantesco, de peluche. ¿Alguien lo ha visto? Pues a lo largo del día esa chica rubita hablaba con mucha gente, gente que terminaba hiriéndola, decepcionándola o cosas así. Hasta que al regresar a casa ese peluche enorme se había terminado reduciendo al tamaño de un pequeño corazón de juguete, del tamaño de un puño. Al día siguiente, la historia se repetía, pero ella salía con un corazón de inicio un poco más pequeño que el día anterior, y así cada día. Misma historia, un bucle. Y justo cuando esa chica está por tirar el pequeño corazón a un cubo de basura, esa noche llega un chico y la invita a café y ella se ríe, y los dos se lo pasan pipa, etc. Se despiden en el portal y los dos se van contentos. Y a la mañana siguiente el chico éste, moreno, guaperillas, se acerca a la esquina de la casa. Entonces la ve. Y ella de nuevo aparece con un corazón de los de antes, gigantesco. Enorme. Un corazón más grande que ella. Y ahí, cuando él ve el tamaño de su corazón, al chico éste le cambia la cara, y se pone serio, y decide darse la vuelta. Y el vídeo musical termina con el rostro de ella, compungida, abrazada a su corazón, sentada en las escaleras de su casa (una de esos portales tipo londinenses, de época, a las que se accede subiendo una escalerita). Zoom a sus lágrimas. Entonces se levanta y se da vuelta y el espectador intuye que volverá a repetirse la historia de antes. Hasta que ella pueda soportarlo, o más allá.

El corazón es como ese blog, pero en este caso es un corazón que se hace con palabras. De las palabras somos esclavos, lo mismo que del corazón. Y en el blog, donde firmaba con mi propio nombre, llegó un día en que me di cuenta de que no me sentía libre para decir lo que pensaba. No me sentía libre, como en la vida. En la que tratamos - al menos yo lo hago- de salvar esclavitudes a diario.

Por eso cambié de opinión, aunque no cambió el deseo. Sigo queriendo comunicarme a través de este mundo posmo. Pero no quiero no sentirme libre. Es un debate interesante y complicado. Que dará para otro post.

Hay muchas otras lecturas de este vídeo musical. Algunas con una muy buena aplicación educativa. El miedo, las expectativas, las decepciones, lo que asusta el compromiso o el amor. Tengo experiencias que comentar al respecto.

Si alguien tiene el dato de a qué grupo me refiero le agradezco.

Nos iremos leyendo.

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